En “La Visera”, donde el aire suele pesar como una promesa antigua, Olimpia entró como el Decano de los relatos: sin prisa, con el paso de quien ya vio guerras. El primer golpe nació de una jugada tejida con paciencia: pase filtrado, centro al segundo poste y el cabezazo de Hugo Quintana como un estandarte clavándose en la noche.
Pero el destino, que siempre cobra peaje, pidió su moneda al borde del descanso: VAR, revisión y penal. Ignacio Bailone no tembló y puso el 1–1, como si un cuerno sonara desde las murallas de Barrio Obrero.
Cuando ya todos repartían puntos como pan escaso, llegó la escena final de saga: al 96’, un envío largo de Olveira, el choque en el aire, la “peinada” de Adrián Alcaraz y el derechazo de Alex Franco al poste, sentencia agónica para tomar la cima y arrebatarle el liderazgo al rival.