Olimpia se plantó en Pedro Juan con la idea de dominar y lo hizo por tramos: más posesión (56%) y más intención, pero el partido le exigió precisión quirúrgica. En el guion del segundo tiempo llegó la escena que cambia el ánimo: a los 50’ el arquero Ángel Martínez le atajó un penal a Sebastián Ferreira, y el Decano sintió que el Parapití empezaba a pedirle un esfuerzo extra para merecerlo.
Después vino el golpe local: Diego Acosta puso el 1–0 a los 64’, y Olimpia tuvo que elegir entre desesperarse o responder con oficio. Eligió lo segundo: a los 74’, Gustavo Vargas clavó el 1–1 y el cierre fue una mezcla de tensión y alivio, con un gol de 2 de Mayo que se gritó… y luego el VAR anuló, dejando el punto en manos franjeadas como un recordatorio: incluso cuando no sale perfecto, Olimpia no se quiebra—se reorganiza y sigue